¿Qué tienen que ver la Entrevista Motivacional y la metáfora la una con la otra?

La relación de quince años de una terapeuta con una sola metáfora — y lo que le enseñó sobre la propiedad, la curiosidad y la ética de ayudar a otra persona a construir significado.

Por Janeth Nuñez del Prado, LCSW | Desert Bloom Psychology & Consulting.


La canoa

Nunca voy a olvidar el momento, hace quince años, sentada en un aula de posgrado, cuando mi profesor presentó la Entrevista Motivacional como una forma de "navegar junto a los clientes por el río del cambio."

Las habilidades OARS —preguntas abiertas, afirmaciones, reflexiones, resúmenes— eran los remos que nos ayudaban a navegar. Entonces el profesor hizo una pausa, y los estudiantes llevaron la metáfora más allá. Alguien señaló que los ríos tienen corrientes. A veces el agua está calmada. A veces es tan rápida que se revuelve . Hablamos de cómo hay momentos en los que simplemente no caerse ya es un logro. Hablamos de remar juntos, moviéndonos con la corriente en vez de pelear contra ella.

Poco a poco, el río dejó de ser una ilustración y se convirtió en una forma de entender el trabajo mismo — y nuestro rol como clínicos que llevamos el honor increíble de acompañar a las personas en su cambio, en vez de dirigirlo por ellas.

No me acuerdo del PowerPoint de aquel día. No me acuerdo de las viñetas, ni del esquema de la clase.

Pero me acuerdo del río.

Quince años después, todavía pienso en él.

Ahora lo enseño.


No es como algo

Muchas tradiciones educativas occidentales tratan la metáfora principalmente como una herramienta de enseñanza — una forma de ilustrar un concepto en lugar de una forma de conocer.

Yo crecí en una cultura donde la metáfora no era como algo. Era la cosa misma.

"Una no se seca la ropa con la luz de mañana." 

Significa que uno no puede vivir hoy de los recursos de mañana. Hay que trabajar con la luz que uno tiene ahora. La esperanza existe, pero la esperanza sola no puede cumplir con las tareas de hoy.

No es como la cosa. Es la cosa. Y es una lección que moldea cómo muchos niños aprenden a pensar, mucho antes de aprender a nombrarlo como pensamiento.

Percibimos la experiencia a través de imágenes, símbolos, significado — mucho antes de percibirla a través del lenguaje construido para explicar. El subconsciente habla en símbolos. Cuando soñamos, casi nunca soñamos con las cosas tal como son; soñamos en símbolos, porque esta es una de las formas más profundas en que le damos sentido a algo y llegamos a conocerlo.

Y por supuesto que no soñamos en diapositivas de PowerPoint. Gracias a Dios.

He llegado a pensar en esto como un tipo de cuidado — el cuidado de la metáfora — la práctica de cuidar el mundo simbólico de otra persona sin apropiarse de su significado. Lo que esto significa, y cómo se ve en la práctica clínica real, es lo que voy a mostrar en el resto de este ensayo.


Los clientes ya hablan en metáfora

Los clientes —sobre todo en temporadas de mucho estrés, trauma o transformación— hablan naturalmente en metáfora. Esas metáforas se convierten en los ladrillos de las historias que las personas se cuentan a sí mismas sobre quiénes son, qué les ha pasado, y qué pueden esperar del mundo. Estos son los momentos en los que las palabras comunes ya no alcanzan para nombrar lo que está pasando, y la psique recurre a la imagen en su lugar. Los símbolos pueden contener lo que el lenguaje solo no logra transmitir del todo.

Dicen cosas como:

"Siento una pesadez tremenda en el pecho."

"Me estoy ahogando."

"Ya no me reconozco."

Ninguna de estas frases es literal. Tampoco son del todo figurativas. Son mapas de cómo una persona se está experimentando a sí misma y al mundo.

No es como un mapa. Es un mapa.


Lo que la escucha reflexiva en realidad refleja

Una habilidad central en la Entrevista Motivacional es la escucha reflexiva. Cuando se usa bien, las reflexiones le devuelven al cliente el significado más profundo detrás de lo que está diciendo. Hace más que reflejar el contenido o la emoción. Una buena reflexión compleja revela la arquitectura del mundo interior de una persona.

Las reflexiones deben mantenerse ancladas en los patrones que uno ha escuchado y en los valores que sostiene el cliente. Una reflexión comunica que uno está escuchando, que le importa. Una buena reflexión compleja comunica algo más: que el cliente es visto profundamente, y aceptado.

Una reflexión también es un punto de decisión. Cada vez que un cliente nos ofrece una metáfora, tenemos cuatro opciones:

Podemos ignorarla.

Podemos explicarla.

Podemos reemplazarla con nuestro propio significado.

O podemos entrar en ella con curiosidad.

La curiosidad es la puerta de entrada. La interpretación, cuando llega, debería surgir de la propia exploración del cliente y no de la primera impresión del clínico.


La ética de la propiedad

Cliente: "Siento que me estoy ahogando."

Terapeuta A: "Suena como que te sentís abrumado."

o

Terapeuta A: "Suena como que estás perdiendo el control."

o

Terapeuta A: "Me pregunto si esto tiene que ver con tu trauma."

Todas estas respuestas podrían ser acertadas.

Otro terapeuta responde de forma distinta.

Terapeuta B: "Suena realmente difícil. Contame del agua."

En la superficie, esto parece una diferencia de técnica. Yo creo que es más que eso.

Es una diferencia sobre quién tiene la autoría del significado de una experiencia.

Cada acto de asignarle significado a la experiencia de otra persona es un pequeño acto de autoridad. Los clínicos ya tenemos una autoridad real en el consultorio: el lenguaje con credenciales, los marcos diagnósticos, posiciones de privilegio social y, a veces, la confianza —o incluso la idealización— que los clientes depositan en nosotros. Esta autoridad es inherente a la relación y merece ser nombrada.

Por eso, deberíamos acercarnos a la interpretación con humildad. Ofrecer una interpretación antes de comprender plenamente el propio sentido que el cliente le da es asumir experticia sobre una experiencia que, al final, le pertenece a él o a ella. La interpretación puede eventualmente convertirse en parte del proceso terapéutico. Simplemente no debería ser nuestro primer instinto.

He llegado a pensar en esto como pienso en un jardín. El cliente es quien lo cultiva. Yo no. Mi rol es cuidar las condiciones — proteger la tierra, mantener a raya la maleza, asegurarme de que haya suficiente luz. Lo que crece, y cuándo, y de qué forma, le pertenece a él o a ella.

Esto también lo he aprendido por el camino más difícil — viendo lo que pasa cuando se entrega un significado antes de que el propio del cliente haya terminado de formarse. Cuando una persona está en medio de algo que todavía se está formando —el duelo, el trauma, un yo que se disuelve y se reorganiza— la interpretación prematura y el significado impuesto por el terapeuta es una de las formas más rápidas en que la apertura se vuelve a cerrar. La psique, al sentir que su experiencia está por colapsarse dentro del marco de otra persona antes de estar lista, se repliega. Lo que podría haber crecido hasta convertirse en algo completo se corta antes de echar raíces.

Por eso la curiosidad es esencial, y la curiosidad no significa pasividad. La Entrevista Motivacional es un enfoque activo y direccional de la conversación. El clínico escucha con atención los valores, las fortalezas, las esperanzas, los desafíos actuales frente al cambio y los éxitos pasados. Elegimos qué lenguaje reflejar, qué preguntar, y cómo sostener un espejo frente a la distancia entre lo que alguien quiere para su vida y cómo es su vida en este momento. La dirección existe a lo largo de toda la conversación. La diferencia es que esa dirección crece desde el propio lenguaje del cliente, en vez de ser impuesta desde el nuestro.

El cliente que dice, "me estoy ahogando," no te está pidiendo que te apures a resolver el problema ni que ofrezcas soluciones. Te está pidiendo que te quedes con él o ella el tiempo suficiente para entender el agua. Desde ahí, podés ayudarle a descubrir qué lo ha mantenido a flote, hacia dónde lo lleva la corriente, y en qué dirección quiere nadar.


Cuando el terapeuta tiene una metáfora

Todo lo que he escrito hasta ahora podría sonar como si el rol del terapeuta fuera simplemente reconocer y proteger las metáforas del cliente. Eso es, sin duda, una parte central de la historia de la terapia, pero no es todo el libro.

Hay dos seres humanos en el consultorio. Dos mentes construyendo significado. Dos cerebros que naturalmente organizan la experiencia a través de imágenes, símbolos y patrones. A veces —sobre todo después de años de acompañar a las personas— una metáfora aparece calladita (¡o no tan calladita!) en la mente del terapeuta.

Ahí también hay lugar dentro del cuidado de la metáfora.

La diferencia está en cómo se ofrece.

Una metáfora que el terapeuta ofrece con humildad se convierte en una invitación a la curiosidad compartida. El cliente sigue siendo libre de adoptarla, de moldearla de nuevo, o de dejarla ir. La propiedad del significado nunca deja de ser del cliente.

Mi propio estilo terapéutico incluye bastante humor. Muchas de las personas con las que trabajo cargan un trauma profundo, y el trabajo con el trauma merece espacio para respirar — y a veces hasta para reírse.

Me han escuchado decir cosas como:

"Sentite libre de decirme, 'Janeth, otra vez estás siendo demasiado hippie,' pero se me acaba de venir una imagen a la cabeza..."

Imaginate un cliente que ha pasado la sesión hablando de la honestidad, la integridad, y el tipo de persona que quiere llegar a ser, y que está luchando con una decisión difícil. Podría encontrarme pensando en voz alta:

"Mientras hablabas, estuve pensando en tus valores como una brújula. Cuando pensás en la decisión con la que estás luchando, y te imaginás tus valores como una brújula, ¿hacia dónde parece estar apuntando la brújula?"

La Entrevista Motivacional está construida sobre la creencia de que el cambio duradero crece de adentro hacia afuera. Yo creo que el significado también. Ofrezco la imagen como algo con qué pensar, no como un veredicto. El cliente decide si le queda bien, si necesita moldearla de otra forma, o si no tiene nada que ver con su experiencia. Mi rol es preguntarme junto a él o ella, confiando en que sigue siendo la persona experta en el significado de su propia vida.

A veces no va a encajar.

A veces va a revelar un lugar del mapa que ninguno de los dos sabía que existía.



Todavía en la canoa

Hace quince años, un profesor me entregó una metáfora.

Pensé que me estaba enseñando la Entrevista Motivacional.

Lo que en realidad me estaba enseñando era a confiar en el lenguaje de otra persona antes de recurrir al propio.

Todavía estoy en la canoa.

No siempre sé hacia dónde nos va a llevar la corriente.

A veces el agua se siente conocida.

A veces el río se abre hacia aguas que nunca supe que existían.

Pero he aprendido que las personas casi nunca necesitan que alguien reme por ellas.

Necesitan a alguien dispuesto a seguir remando a su lado, con curiosidad por el río que solo ellas pueden ver.

Si esta forma de pensar te resuena, espero que la próxima vez que un cliente te ofrezca una metáfora, te animes a entrar en ella con curiosidad. Quizás ahí encuentres un mundo entero esperando ser descubierto.

SOBRE LA AUTORA
Janeth Nuñez del Prado
LCSW — Desert Bloom Psychology & Consulting
Janeth Nuñez del Prado, LCSW, es terapeuta bilingüe, capacitadora y consultora radicada en Nuevo México, y fundadora de Desert Bloom Psychology & Consulting. Como capacitadora certificada por MINT en Entrevista Motivacional, enseña a otros clínicos a trabajar con la metáfora, la curiosidad y la práctica reflexiva como habilidades clínicas centrales — no solo como técnicas de comunicación. Su enfoque se nutre de su formación en trauma y apego en el Centro de Investigación de Trauma Infantil de UCSF, junto con años de trabajo clínico integrado dentro de contextos legales y de salud conductual de alto riesgo. Ella cree que un buen trabajo clínico le exige al clínico tolerar la incertidumbre y mantenerse curioso antes de volverse explicativo — y que esta es una filosofía que vale la pena enseñar, no solo practicar.

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Which cases feel like small waves? Which ones feel like riptides?

When do you know it's time to find the cove?

You do not have to have the answers.

The first step is asking the questions.

And in the asking, reflective practice begins.

 

 

This piece is intended for informational purposes and is not a substitute for individualized mental health care. Clients have been de-identified to protect confidentiality.

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